Las notas. Esos numeritos que van ligados a juegos y por los que los jugones siempre discuten. “Pues mi juego favorito tiene una media 0,125 puntos más alta que el tuyo, ¡jódete!”, a lo que se contesta con un “sisi, pero al mío le han dado un 9 en la Edge y al tuyo un 7, ¡y ya se sabe que los de esa revista son lo más hard de la industria con sus análisis!”. Es evidente que eliminar las puntuaciones de juegos en todo el sector es algo imposible a la par que absurdo, ya que además de darnos una idea aproximada sobre lo que puede ofrecernos un título (siempre dentro del marco de subjetividad del redactor; es tarea casi imposible realizar una review sin poner ningún comentario que sea una opinión completamente personal) a la vez nos da esa oportunidad de discutir y debatir con nuestros amigos; le da “vidilla” a las tertulias de los jugones.
Entonces, ¿cuál es el problema? El principal fallo de este sistema es que, aunque los redactores en su gran mayoría no lo quieran, al final lo que el lector recuerda es ese “7” u “8” que le fue dado a “su juego”, mientras que el texto, donde se explica el porqué de esa puntuación (la nota no deja de ser una especie de “resumen” de lo que se ha escrito, a pesar de que a veces parece no concordar del todo) y el mismo redactor se justifica detallando cuáles son los pros y contras que lo llevaron a darle esa nota. Pero a la vez tenemos otro problema: por una extraña e incomprensible razón, los “entendidos” (léase en tono irónico) ya no ven a un “7” como una buena nota, un “8” suele ser un título bueno pero por el que no se gastarían los 60€ de salida a menos que sean muy fans de la saga; incluso un 9 a veces puede parecer una nota un poco corta. Se podría decir que, básicamente, vivimos en una época de “inflación de notas”. Continuar leyendo »