No es un GTA, no es una aventura en tercera persona al uso; L.A. Noire es algo completamente distinto a lo que estábamos acostumbrados a ver. Aquí no podemos ir atropellando a gente por puro “placer”, pegando tiros a quien queramos, entrando en tiendas a robar o haciendo explotar a media ciudad. Los cimientos sobre los que se erige la obra de Team Bondi, las increíbles animaciones faciales, son el primer paso para ofrecernos una mecánica completamente fresca y poco explotada hasta ahora en los títulos de este tipo: la investigación pura y dura.
Más próximo al ya casi extinto género de las aventuras gráficas, L.A. Noire prometía romper moldes y convertirse en uno de los firmes candidatos a juego del año. Lo primero lo cumple sin duda alguna, pero lo otro ya es más discutible. El estudio australiano ha conseguido crear algo grande y de mucha calidad, pero son un cúmulo de pequeños fallos los que impiden que se eleve hasta alcanzar el rango que se le presuponía: el de juego de culto.